Bajo este principio decidí ver la investidura de Trump. Con los ojos de la memoria, para que en treinta años pudiera decir yo vi ese momento histórico, más allá de despreciarlo por su burdez.
Al inicio de la toma de protesta pensé en decir, con el snobismo que este medio facilita, que mínimo los nazis tenía buen gusto, con Carl Orff y Leni Rifesntahl orquestando las ceremonias. mientras esto parecía una ceremonia navideña de Disney donde ni siquiera el que sostenía la bandera parecía no ser un wasp sonrojado -el único negro, quitando a los Obama, era un cantante que parecía de una película de humor ochentera, después sería un militar sosteniendo un paraguas; cuando las mujeres blancas entonaron un canto "celestial", pensé en preguntar retóricamente en qué momento las vendedoras de Sara Lee y MaryKay dominaron el mundo; cuando declamaron lecturas religiosas pensé en asombrarme en que el imperio fuera tan arcaico y cuando juraron traté de leer los gestos de la resignación o el terror en democrátas y republicanos cultos.
Pero cuando empezó el discurso de Trump me di cuenta que realmente era un momento histórico, de esos que son estudiados con detenimiento.
En un discurso grandilocuente y no tan largo como esperaba, el Presidente del país más armado del mundo le declaró la guerra, abiertamente, a una cuarta parte del mundo, llamó a las fuerzas armadas y a los ciudadanos a sangrar por su patria y determinó que el mundo, !sí, como mexicano escuchar eso se vuelve terorrífico!, los foráneos, veríamos cómo ellos nos iluminaban y, si nos uníamos a su nueva época, viviríamos la grandeza; sino, veríamos como su fuerza nos haría entrar en concordancia.
Duermo, más allá de que con el terror de lo que acabo de ver, con la idea de que vienen tiempos tan temibles que si pasan a la historia será una pésima noticia para el mundo.
Como todos los villanos, Trump se afanó de sus planes malvados, pero ningún héroe interrumpió el discurso, él simplemente de reveló, con la certeza del que se cree invencible y tocado por Dios, como lo dice abiertamente.
Por ello, Creo que es una obligación, ver este acto, no con el desprecio del que piensa diferente o con la certeza del que le rehuye a ese futuro, sino como personas inteligentes que podemos entender lo que está más allá de las palabras y los símbolos, para comprender el mundo que se avecina. Por que sólo entendiéndolo, podemos anticiparnos a la desgracia.
Al final me quedo con las mismas palabras, literal, God save America, God Save the Earth (con mayúscula de grito, de súplica, no de fe).
Ya ustedes se formarán su opinión
Ello ocurre del 1:30 al 2:15 horas. 45 minutos de temible y absoluta honestidad ideológica.
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